SER O NO SER UNA SOCIEDAD MERCANTIL

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Lo he visto. Lo he vivido en carne propia. Tienes una idea brillante para abrir un negocio. ¡Todo indica que va a funcionar de maravilla! Decides invertir, constituyes la sociedad, pero luego algo pasa y no sabes que hacer con ella. Horror…

Y es que tener una sociedad es como tener un hijo. Hay que cuidarla, alimentarla, cambiarle los pañales, vacunarla contra enfermedades y otras cosas.

Es decir, desde que constituyes una sociedad, hay una carga administrativa y regulatoria que tal vez nadie te ha advertido que tendrás. Cuesta tiempo, dinero y esfuerzo mantenerla.

Para empezar, a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público le llegará el chisme de volada. Se sabrán tu RFC antes que tú mismo. Y a partir de ese momento, incluso si aún no inicias operaciones, cada mes tendrás que hacer declaraciones en ceros y para eso necesitarás un contador. Mínimo te va a costar 500 pesos al mes (si bien te va).

Y por si fuera poco, cada año tendrás que hacer asambleas anuales de socios. Ahí te encargo que los consigas donde anden para que te firmen las actas si ya se fueron a otra ciudad o te peleaste con ellos. Será más desgastante que hablar con tu ex.

Luego está el tema de los poderes. Si no tuviste cuidado al principio luego es una bronca cuando quieres que alguien te ayude con un trámite, o al revés, si alguien abusa de sus facultades legales en tu perjuicio.

Así que querido lector, la intención de este artículo no es asustarte. Sólo advertirte de las consecuencias.

Después de casi 20 años como abogado y algunos errores cometidos, mi recomendación es que operes como persona física con actividad empresarial y no constituyas una sociedad hasta que el negocio absolutamente te lo exija. ¿Cuándo llega ese momento? Creo que depende de dos cosas:

1) Si tienes socios con participaciones similares en el negocio, creo que no te queda mucha opción. La sociedad es el vehículo adecuado para concentrar las inversiones, así que hazlo desde un principio pero ten cuidado de con quien lo haces ya que son como los matrimonios. Algunos funcionan muy bien, otros no tanto, pero TODOS cuestan dinero.

2) Si en realidad tú eres el que está detrás de tu sociedad (y tu socio es tu cónyuge, un hijo o un hermano, sólo para cubrir el requisito legal de los dos socios), entonces, creo que el mejor momento para constituir la sociedad será cuando tu contador o asesor fiscal te lo recomiende, ya que como persona física con actividad empresarial o como sociedad, puedes hacer las mismas actividades comerciales. La diferencia está en los beneficios fiscales disponibles para cada uno.

Otra opción puede ser que operes de las dos formas. Yo por ejemplo, facturo como persona física con actividad empresarial y también a través de una sociedad civil en la cual mi esposa es mi socia. Esta forma de organización es perfectamente legal y te permite tener una mejor planeación fiscal.

Y es que habrá muchas cosas que no funcionen bien en este país amigos lectores, pero cuando se trata de pagar impuestos, eso es otra historia…

Si tienes dudas, preguntas o sugerencias, me encantaría platicar contigo Escríbeme a mi correo electrónico: dmendez@dma-legal.com o encuéntrame en Twitter: @DMALegal.

Daniel Méndez Antillón